Cerebros en una cubeta de Hilary Putman y el genio maligno.
Si uno no sabe si está en el mundo real o en una simulación computarizada, uno no puede estar seguro sobre si sus creencias acerca del mundo son verdaderas. Y lo que era aún más aterrador para Descartes: en esta situación, hay que pararse a razonar pero no es la más segura que lo obtenido por los sentidos; el genio maligno (o un científico malvado ) podría estar haciendo que los razonamientos fueran tan erróneos como sus percepciones.
Como se puede intuir, no hay una salida fácil para este problema filosófico. Varios pensadores han propuesto una inquietante variedad de “soluciones” para este problema, pero, como sucede con muchos problemas filosóficos, no existe nada cercano a un acuerdo unánime sobre cómo debe resolverse esta cuestión.
La respuesta de Descartes del genio maligno fue, argumentar que uno no puede genuinamente poner en duda su propia existencia; señala que todo pensar supone que estamos pensando: aun al dudar, uno se da cuenta de que debe al menos haber un yo que esta dudando (de ahí la famosa frase de Descartes: “pienso, luego existo”).
Descartes, después, continúa afirmando que, además de nuestra idea innata de yo, cada uno tiene una idea de Dios como un ser todopoderoso, bueno e infinito, y que esta idea sólo pudo haber venido de Dios mismo. Puesto que esto muestra que ese Dios bueno sí existe, podemos tener confianza total en que Dios no permitiría que fuéramos engañados acerca de la naturaleza de nuestras percepciones y de nuestra relación con el mundo. Mientras que el argumento cartesiano sobre la existencia del yo ha sido muy influyente y continúa siendo tema de discusión.
Uno de los más interesantes desafíos contemporáneos viene del filósofo Hilary Putnam. Su argumento no consiste en defender la certeza de nuestro conocimiento, sino en cuestionar la hipótesis del “cerebro en la cubeta” acerca de cómo nuestro lenguaje se refiere a los objetos en el mundo. Este filósofo nos pide que consideremos una variación de la historia común del “cerebro en la cubeta” que se parece misteriosamente a la situación descrita en la película “Matrix”.
Putnam dice: “En lugar de tener sólo un cerebro en la cubeta, podemos imaginar que todos los seres humanos, o todos los seres con sensaciones, son cerebros en la cubeta . ¿Por supuesto, el científico malvado tendría que estar fuera o no? Tal vez no haya ningún científico maligno, tal vez, aunque parezca absurdo, el universo sea una gigantesca maquinaria automática que atiende una cubeta llena de cerebros y de sistemas nerviosos. Supongamos que toda esta historia fuera realmente verdadera, ¿podríamos, si fuéramos cerebros en la cubeta de este modo, decir o pensar que lo somos?” .
La respuesta de Putnam es que no podemos pensar coherentemente que somos cerebros en la cubeta, y así el escepticismo de esta modalidad nunca puede realmente desarrollarse, ya que es difícil hacer justicia al ingenioso argumento de Putnam: "No todo lo que pasa por nuestra cabeza es un pensamiento genuino, y mucho menos todo lo que decimos es una emisión significativa. A veces decimos cosas que no tienen sentido. Pero claro que no siempre nos damos cuenta en ese momento de que estamos siendo incoherentes, a veces creemos que estamos diciendo algo con sentido.
Al igual que yo puedo decir una oración que no tiene sentido, puedo usar un nombre o un término general que no tiene sentido, puesto que falla para relacionarse con algo en el mundo. Para hacer referencias de forma exitosa, cuando usamos el lenguaje, debe existir una relación adecuada entre el hablante y el objeto al que se refiere. Las palabras no se refieren de modo intrínseco (“ por arte de magia”) a objetos, deben cumplirse ciertas condiciones en el mundo para que nosotros reconozcamos que una cierta palabra escrita o hablada tiene algún significado o que se refiere a alguna cosa.
Si alguien que nunca ha sabido nada de la película “The Matrix” logra hacer el sonido “Neo” mientras estornuda, muy pocas personas estarían inclinadas a pensar que esta persona realmente se ha referido al personaje Neo. No existe la clase de conexión causal entre el hablante y el objeto referido (en este ejemplo, Neo). Para que la referencia sea exitosa, no puede solamente ser accidental que el nombre sea pronunciado (otra forma de pensarlo: quien estornuda tuvo que haber emitido el sonido "Neo" aun si la película The Matrix nunca hubiera sido hecha.)
La dificultad, según Putnam, para suponer coherentemente que la hipótesis del cerebro en la cubeta sea verdadera es que los cerebros criados en un entorno como ése no podrían referirse con éxito a cerebros genuinos o a cubetas o a nada en el mundo real. Consideremos el ejemplo de alguien que ha vivido toda su vida en “la matrix”; cuando esta persona habla de “gallinas” no puede referirse a las gallinas reales. En el mejor de los casos, podría referirse a representaciones computarizadas de las gallinas que han sido enviadas a su cerebro. De modo similar cuando esta persona habla de humanos atrapados en cápsulas y alimentados de datos por "la matriz", no puede referirse con éxito a humanos o a cápsulas reales, no puede referirse a cuerpos humanos físicos en el mundo real porque no tiene la conexión causal apropiada con esos objetos. Entonces, si alguien pronunciara la frase “soy sólo un cuerpo atrapado en algún lado al que un computador le introduce información sensorial”, esa frase sería por sí misma necesariamente falsa. Si la persona no está, de hecho, atrapada en la matriz, entonces la frase es abiertamente falsa. Si la persona está atrapada en la matriz, entonces no puede referirse con éxito a cuerpos humanos reales al pronunciar “cuerpo humano”, y así parece que su declaración debe también ser falsa.
Esta persona parece doblemente atrapada, incapaz de saber que está en la matriz e incapaz de expresar con éxito la idea de que puede estar atrapada en la matriz (¿podría ser ésta la razón por la cual en un punto del film Morpheus le dice a Neo que “no se le puede decir a nadie lo que es la matriz”?)
El argumento de Putnam es controvertido, pero es digno de ser tenido en cuenta, porque muestra que la clase de situación que describe “ Matrix” despierta dudas, no solamente acerca de las cuestiones filosóficas esperadas sobre el conocimiento y el escepticismo, sino también acerca de cuestiones concernientes al significado, el lenguaje y la relación entre la mente y el mundo.
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